Históricamente México no se ha caracterizado por ser un país en el que se practique la cultura de la lectura, hace un siglo atrás contaba con un índice de analfabetismo del 82%, hoy en día podemos hablar de un porcentaje aproximado de 6.9%, sin embargo, esto no precisamente nos habla de un incremento en los hábitos de lectura de los mexicanos.

Cifras de la UNESCO de un estudio realizado en el 2014 nos posiciona en el penúltimo lugar en el consumo de lectura de una lista de 108 países, dejándonos con un promedio de 3 libros leídos al año.

Probablemente si los mexicanos tomáramos más en cuenta los benéficos que la lectura trae consigo entenderíamos lo importante que es esta.

Y es que no podemos hablar de su importancia sin antes citar sus beneficios;  es bien sabido que la lectura a través de la estimulación de las  conexiones sinápticas de nuestro cerebro, conlleva una serie de procesos cognitivos como lo son la  atención, concentración, comprensión  y la creatividad,  mismos que nos ayudan a desarrollar otras habilidades cognitivas como la imaginación, mejora la expresión oral y escrita, enriquece nuestro vocabulario, lo que ayuda al incremento de nuestro acervo cultural, así mismo, nos permite potencializar habilidades sociales, es decir, nos facilita las relaciones interpersonales.

Quizás podríamos enamorarnos de la lectura si la dejáramos de ver como una obligación, como un requisito de evaluación o como una necesidad   y comenzáramos a verla  como una herencia universal, es decir, a través de los libros, artículos, revistas o cualquier tipo de lectura que hagamos podemos conocer otras culturas y formar parte de ellas si utilizamos la imaginación, así mismo, nos ayuda a ser críticos, a generar nuestras propias ideas y opiniones,  el conocimiento que lleva consigo nos permite tomar decisiones asertivas, en otras palabras nos vuelve independientes intelectuales.